sábado, 23 de agosto de 2008

Colectiveros

Durante el tiempo que llevo viajando en el 159 he podido observar que cada colectivero tiene algo que lo hace especial, algo que hace que uno diga "Uh... me tocó este que..." completando con la característica que lo distinga como único e irrepetible.
A continuación detallaré algunos porque, como dicen... para muestra sobra un botón:
Colectivero frenador
Éste es un hombre de mediana edad cuya principal característica es la de frenar de golpe, no importa dónde esté, él frena. Por ejemplo, vamos por la autopista y a 20 metros tiene un auto que va disminuyendo la velocidad, el tipo frena de golpe y arranca de golpe, produciendo un lindo vaivén entre los pasajeros.
Colectivero conversador
Este señor es uno de los colectiveros con los que da placer viajar, porque además de ser un buen conductor, es muy bueno conversando. Saca temas que, si bien no son interesantes, son llevados adelante con una maestría digna de un retórico. Ustedes saben de quién estoy hablando, si ven alguna de las viejas historias lo van a reconocer en el chofer que me aleccionó sobre las tarjetitas del peaje.
Colectivero dancer
No sólo él si no también el colectivo tienen una onda digna de discoteca: luces violetas, vidrios un poco oscuritos, las cortinitas siempre cerradas... él: anteojos oscuros y un corte y tintura en su cabello que son la envidia de mucha señora mal teñida. Música: electrónica, por supuesto... un poco estresante para mí, pero bue...
Colectivero...
En realidad no sé qué nombre darle, es un señor un poco ambiguo, es decir, el colectivo está decorado como si fuera un bulo, pero bien berreta. El asiento con una especie de piel roja, una bolita de espejo colgando del techo, flecho de los espejos por los que suelen mirar para el fondo... y él, bueno, es un señor mayor, unos 60 añitos le daría yo, pelo atado en un colita, canoso, uñas largas (de verdad bastante largas), muy flaco.
Un día con una amiga recuerdo que debatimos si el señor era colectivero de día/travesti de noche (lo que explicaba las uñitas) o simplemente un descuidado que no se cortaba las uñas... Nunca lo sabremos

lunes, 30 de junio de 2008

¡A caminar!

Puedo decir sin equivocarme que hoy fue un día caótico para el 80% de las personas que deambulan por la Ciudad de Buenos Aires. Claro que, por suerte, yo me encuentro entre el 20% restante...
Resulta que bajé del colectivo con 20 minutos para llegar al trabajo "sin problema" me dije "me tomo el subte y llego en 10". Llego a la entrada del subte y las puertas cerradas, miro el cartelito y veo que los subtes no funcionan por problemas gremiales "Uhhh, ¿y ahora?... y... ¡a caminar!" Le mandé un mensajito a mi coordinadora y listo, me dispuse a caminar ya que si me ponía a esperar el colectivo tardaba más.
Por suerte llegué puntual, di una clase magistral (ayudada, claro, por la célebre "Ojalá que llueva café" llena de subjuntivos y con el interesante tema del trabajo que me iba a ser muy útil para hablar de negocios y economía con una yanqui a la que le interesa y con la que no paro de guitarrear por mi falta de conocimiento de ambos temas).
Cuando salí de trabajar, vi que la cosa seguía igual, con la diferencia que había mucha, pero mucha gente en la calle. Colas terribles en las paradas de colectivos, de las combis, mucha gente levantándole la mano a los taxis sin respuesta positiva... en fin, caos...
Yo, como si nada, como saben estoy tan acostumbrada a la caminata que no me modificó en nada, salvo que por la cantidad de transeúntes (y, según mi hermana, por tener unas cosas medio raras con los planetas en mi carta natal que me hace muy enamoradiza) me crucé con, aproximadamente, 7 potenciales amores de mi vida y me enamoré perdidamente de uno pero (por la misma razón mencionada antes) todo quedó en el más hermoso platonismo (a lo que ya tendría que estar acostumbrada) en fin...
Tomé el coletivo sin problemas, y a las 20 cuadras de llegar a mi casa suena el teléfono... era mi madre que muy preocupada me decía "Hay paro de subtes, cuidado por dónde andás... ¿dónde estás?" "En el colectivo..." "Ahh..."
Lo que vale es la intención, ¿no?

jueves, 22 de mayo de 2008

La comunidad del matafuego


El 159 crea vínculos comunitarios, eso es así, pero por si queda alguna duda acá va una historia que va a hacer creer al más incrédulo:

Volvía, como siempre, de mi trabajo (parece que las mejores cosas me han sucedido entre las 19 y las 24 hs... ) y como siempre el colectivo estaba más que lleno, así que me fui para el fondo donde por suerte encontré un buen lugar dónde apoyarme: casi al lado de la puerta de atrás.

Me dispuse a escuchar un poco de musiquita así podría amenizar un viaje que, a esa hora, era un poco más lento ya que las rutas de salida de la Capital están más que cargadas.

En el fondo, casi frente al lugar en donde estaba parada se sentaron/acomodaron dos chicos, que hasta ese momento no tenían nada de particular salvo que gritaban un poco al hablar, pero bueno, eso es casi normal teniendo en cuenta que cuando el colectivo sube a la autopista hace mucho ruido...

El trayecto se iba desarrollando normalmente y, por suerte, estábamos llegando a la bajada de Quilmes cuando un olor extraño hizo su aparición en la sección del vehículo en la que me encontraba y, dos segundos después... humo.

Si, el colectivo se estaba incendiando...

Los jóvenes que mencioné antes fueron los primeros en dar la voz de alarma y un señor que estaba parado en el estribo de la puerta de atrás le hizo señas, por el espejo (que por suerte el chofer miró) al conductor para que detuviera el colectivo.

Estábamos a 20 metros del peaje de Quilmes, era invierno, hacía frío y estaba oscuro...

El colectivo paró en la banquina y todos bajamos. Ya en tierra firme pudimos ver que uno de los ventiladores del techo echaba humo, mucho humo. De alguna manera había que apagarlo, pero nadie hacía nada salvo el chofer que iba de un lado al otro por arriba y por abajo del vehículo.

Y fue ahí, entre las quejas de algunos, los mensajes de alarma de otros, los mensajes de mi madre con su típico "Qué raro, siempre te pasa algo a vos", cuando los dos muchachos gritones se subieron al colectivo y comenzaron a hablar con el chofer.

Acto seguido se escuchó un ruido de vidrios rotos, se vio al chofer subirse al techo del colectivo, a uno de los chicos sacar medio cuerpo por una de las ventanillas y al otro alcanzarle el matafuego que le pasó al primero, que apagó el principio de incendio que había hecho peligrar el regreso a los hogares de todos los pasajeros.

Obviamente, ante tal acto, nadie aplaudió, pero todos reconocimos el valiente esfuerzo de los muchachos.

A los pocos minutos estábamos todos arriba del colectivo ocupando nuestros correspondientes lugares, porque eso sí, si una persona estaba sentada antes del incidente debía seguir sentada después, claro que una mínima mayoría había comenzado a caminar, pero el chofer se dedicó a subirlas mientras iba avanzando, porque uno nunca deja de ser pasajero del 159...

lunes, 24 de marzo de 2008

Agua en Buenos Aires

Puedo recordar el día exacto en el que sucedió esta anécdota, fue el 17 de abril del 2007 (increíble mi memoria, ¿no?).
Había salido de mi trabajo a las 18 hs y a los pocos minutos había comenzado a llover, esas lluvias leves que se van haciendo cada vez más fuertes. La cuestión era que, como es costumbre en mi, no tenía paraguas (evento que no hubiera mejorado la situación, ya que un paraguas en mis manos es lo mismo que nada) y cuando salí del subte para tomarme mi querido 159 llovía a cántaros.
Llegué a la cola del colectivo y me paré detrás de un muchacho bastante grandote que tenía un paraguas y como su altura era mucho mayor que la mía su paraguas hizo de techito provisorio para mí, aunque ya estaba mojada y la lluvia no seguía las leyes de la gravedad, ya que venía de todos lados y cuando digo de todos lados también hago referencia al piso.
Cuando pude subirme al colectivo, éste estaba tan lleno que no me quedó otra que viajar pegada a la máquina, por lo menos tenía de dónde agarrarme.
Las calles estaban completamente inundadas, tal era el caso que el vehículo parecía un barquito en lugar de un colectivo.
Y acá comienza lo interesante, salir de Capital con agua cayendo en forma ininterrumpida, con una visión mínima (porque realmente no se veía nada por ningún lado) y, para colmo, con tanta gente en el colectivo que al chofer le tapaban el espejito con el que podía fijarse si venía algún vehículo o lo que fuera...
Pero como ya expliqué antes, el 159 en ciertas ocasiones funciona como una comunidad, y los pasajeros, todos hombres (aclaración que no está de más) comenzaron a guiar al chofer:
"Dale, doblá... a ver... pará, pará que viene un boludo rápido" y... se presentía la ola que el otro vehículo hacía llegar hasta nosotros.
"Dale, ahora... dale que no viene nadie... ¡uh, qué quilombo!" y así se sucedían los comentarios hasta que pudimos subir a la autopista y comenzaron a hablar de fútbol y de autos. Al bajar del colectivo ya eran casi todos amigos, hasta a mí me saludaban los muchachos.
Ese día aprendí mucho de cómo guiar a un chofer, de los equipos que estaban en la punta del campeonato, del Tc y de otras cosillas, pero por suerte ya me olvidé todo... bueno o casi todo...

martes, 18 de marzo de 2008

Mi alter ego

Hoy fui testigo de una situación que, en general, suele tenerme como protagonista:
Resulta que iba en el 159 rumbo al trabajo y, como siempre, el colectivo tuvo que parar donde estaba el guarda para subir más personas por la puerta de atrás (porque por la de adelante no podía subir ni una hormiga). En eso se escuchan los gritos de una señora: "¡Esto es ilegal! ¡Esto es ilegal! no se puede viajar así, ¿Por qué no te subís vos a ver si entrás?" Todo esto dirigido al guarda, quien, harto de las calumnias, decidió que no subieran más personas.
Junto al chofer estaba parado un chico, del que no puedo ni podré identificar edad ni contextura física, ya que sólo lo veía de espaldas.
Lo que pude ver fue el momento en el que el chofer lo miró y comenzó a decirle: "Siempre es así, estamos obligados a parar, porque si no te levantan en peso. Porque el tipo no dice que vos venís hasta las bolas de gente, dice que no le paraste y listo, ¿viste?"
"Claro" dijo el muchacho, y ahí comenzó una conversación que duró gran parte del viaje.
Y, aunque no formé parte de ella, me puedo imaginar las cosas que el chico habrá contestado, los comentarios sin sentido que habrá hecho, porque son similares a los que una hace en esas situaciones solo para mantener viva la charla y no parecer descortés ante un hombre que, mal que mal, nos lleva y trae todos los días.

lunes, 18 de febrero de 2008

El muro de la muerte...


Era el comienzo del otoño del año 2007, en Quilmes se presentía el año electoral, ya que nuestro intendente había comenzado con las obras de repavimentación y arreglos generales en las callecitas del municipio. Callecitas que incluían a la subida de la Autopista Buenos Aires-La Plata.
En esta zona la obra consistía en dos hermosas rotondas y en una fuente preciosa con una bandera y tres hermosos chorros de agua (los paralelismos entre el ex intendente y la decoración de la fuente corren por cuenta del lector).
Gracias a las rotondas los pasajeros del 159 adquirimos un equilibrio casi pugilístico, ya que sí o sí tuvimos que aprender a fijar bien los pies al suelo y tener un buen movimiento de rodillas, pues en caso contrario podíamos ir a dar, como mucho, al piso del vehículo.
La cuestión fue que, al parecer, el intendente quería construir una pared que tapara la villa que hay cuando uno baja en Quilmes, cosa que a los vecinos de la zona no les gustó ni un poquito. Entonces decidieron hacer, por el período de, aproximadamente, un mes, unos lindos piquetes cortando la bajada y obligando a los choferes a desviarse hasta el Río para luego retomar el recorrido por la calle/avenida Otamendi (que es como irse bastante lejitos del recorrido habitual).
Entonces, imaginen que lo que antes duraba 15 minutos, incluyendo transito y barreras que no subían, en ese momento se extendía a media hora…
Por lo tanto, si antes era molesto en ese momento era más irritante, más cuando una los veía sentaditos en sus reposeras o sillas, tomando mate y comiendo biscochitos, mientras una venía muerta de hambre… (debo confesar que en más de una oportunidad me hubiera bajado solo para sentarme y tomarme unos amargos)
Lo más llamativo de los manifestantes, además del pic nic, eran sus banderas. Algunas las habían colgado en los frentes o alambrados de algunas casas, otras las agitaban con calma ante cada vehículo que pasaba. Estas banderas decían:
“NO AL MURO DE LA MUERTE” “ESTO NO ES UN CAMINO NACIONAL, ES ZONA RESIDENCIAL” “NO AL MURO DE BERLIN”
Muy impresionante todo… mucha policía, mucha arma, mucho camión hidrante y celular, para 20 vecinos que salían a cortar la calle.
Bien, este es el contexto de mi historia, ahora el hecho en sí:
Volvía un día de esos, cuando distingo que había subido al colectivo un vecino que, para qué andar con vueltas, es bastante cargoso, de esos que te ven y te preguntan hasta el tipo sanguíneo.
Me hice la tonta (algo casi natural en mi) hasta que el tipo se paró a mi lado y, bueno, me conoce desde que nací, me saqué los auriculares aislantes y lo saludé.
La cuestión es que el tipo se puso a hablar de su trabajo y de otras cosillas que, por suerte mi cerebro no retuvo, hasta que llegamos a la bajada y el colectivo se desvió hacia el Río.
“Está bastante crecido el Río, parece que va a haber sudestada” dije yo desde mi total analfabetismo en relación a los vientos…
“Si, y con esto de los piquetes parece que ahora viene por acá el colectivo, ¿no?” dijo mi vecino, que entre otras actividades canta en el coro de la Iglesia.
“Sí, viene por acá… pero hace mucho que está viniendo por acá”
“Bueno, entonces, ya sabés… si tenés ganas venimos a dar una vuelta al Río” y se rió…
Y yo, caída del catre como soy, le respondí: “ni loca, para pasear prefiero otro lado”. Y le pregunté por el nieto…
Cuando bajamos del colectivo me preguntó si tenía novio, y ante mi respuesta negativa, acotó: “Está bien, hay que pasarla bien… después te casás y ya está…” Y me lo decía uno de los piratas más importantes del barrio, así que tenía que darle algo de crédito, mientras me contaba de la suerte que tenía su hija menor por haber tenido dos hermanos mayores…
Por suerte esa fue la única vez que me encontré con este señor de amplia sabiduría en cuestiones de la vida.
Y para resumir la historia: a los pocos días los vecinos de la Autopista levantaron el piquete, el muro nunca se construyó, las banderas se fueron rompiendo y destiñendo por el paso del tiempo y yo decidí no sacarme nunca más los auriculares en caso de volver a toparme con mi vecino…

viernes, 1 de febrero de 2008

Nota al pie

Hace un par de semanas atrás volví a cruzarme con el acosador del 159. Recordaran ustedes al muchacho del jopo, bien... sigue con el mismo jopito y con la misma mirada insistente... Eso sí, cambió los jeans por unas lindas bermuditas (y bue... el calor es igual para todos)